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4 de octubre de 2013

Ante la enfermedad, SONRISAS

Hoy he tenido el gran placer de conocer a Luis, un chico de 16 años al que le encanta jugar al tenis, animar a su equipo de fútbol y compartir su tiempo con su familia y amigos.

Hace unos meses la vida volvió a jugarle una mala pasada. Un mal resultado en una revisión provocaba un giro completo en su vida y en la de sus más cercanos. Había vuelto a aparecer la leucemia, y esta vez lo hacía con más fuerza que nunca. Ésta ha sido la enfermedad que le ha puesto en primera línea de lucha desde los 8 años y que hace dos  desapareció dejando a Luis cómo el claro vencedor de la guerra, pero no, tan sólo había sido una batalla más ganada.

“Ahora solo queda seguir luchando y lo haré hasta que no pueda más. Se lo debo a mi familia, que son los que me dan la fuerza para seguir día a día, sino por mí ya habría tirado la toalla”

Con su mascarilla puesta y del brazo de su padre mientras su madre le llevaba el gotero aparecía esta mañana por el pasillo. Desprendía una alegría que es difícil describir, a pesar del sufrimiento y el cansancio, y que será muy difícil que olvide.

Lección de vida. En la espera para realizarle una prueba de las tantas que se hace al cabo de la semana, me decía, con una sonrisa de oreja a oreja, “¿a qué no sabes que señal me ha dejado la lucha? ¡¡Una mancha con forma del mapa de África!!”. Las risas invadían el silencio y la tensión que se respiraba en la sala segundos antes. Ante el carácter de Luis del que todo el mundo estaba admirado después de todo, el simplemente se limitaba a decir; “ante la enfermedad, lo mejor son las sonrisas”.

¡Cuánta VIDA, en mayúsculas, transmite! Por mil razones; hablar con la mirada, coger de la mano a su madre porque la veía nerviosa antes de entrar a la consulta, saborear una buena sonrisa, descubrir el lado positivo de las cosas, una buena palabra, apreciar cuánto puede decir un abrazo… Se dedica, sencillamente, a vivir plenamente, a dejarse la piel en la lucha del día a día, a ser ejemplo para tantos.

“Con él y gracias a él, ha sido mucho más fácil afrontar los retos que se presentaban cada día.” José Antonio, padre de Luis.

Gracias, por enseñarme tanto y darme tanto en tan pocas horas.

10 de julio de 2013

C'est fini



Quien me diría a mí hace un año que estaría aquí, ahora mismo, habiendo acabado primero de carrera. Después de todo el esfuerzo, de las lágrimas y las sonrisas que me sacaron cada nota en bachiller, del tiempo estudiado, de los nervios, de las noches sin dormir, de las carcajadas en clase, de las horas interminables y de las que parecían ser un segundo...

Y ahora ahí estás, después de un largo camino lleno de obstáculos y alegrías, lleno de esfuerzo y dedicación, habiendo superado todo lo vivido y el juego de azar llamado selectividad, de repente estas ante las puertas de lo que ha sido tu sueño durante muchos años. Estas encaminada por el sendero de lo que siempre has querido que fuera tu vida.

Y ahora ya acabado primero de carrera. Acabo ya el primer curso de formación de lo que quiero que sea mi vida: cuidar y acompañar a los demás en su momento de debilidad y dolor.

Y esto solo es el principio de algo grande.

1 de mayo de 2013

Merece la pena



Nadie dijo que fuera fácil, sólo que merecía la pena.

Y  de repente ahí estás, a los pies de una cama donde hay dolor, delante de un enfermo que sufre en silencio por no querer “molestar” a los demás, al lado del hijo que se esfuerza por sacar una sonrisa a su padre moribundo o de la madre que no pierde la esperanza por querer lo mejor para su hija. Y simplemente por estar vestida de blanco depositan en ti toda su confianza, se abren a ti y te sonríen vayas a hacerle una cosa u otra, sin protestar, poniendo su vida entera delante tuya.

Entre cuatro paredes verdes, con el dolor y sufrimiento como compañeros de viaje se alegran por una visita inesperada, sonríen para tranquilizar al familiar, te mira el que nada puede decir para agradecerte el que simplemente le llames por su nombre o el que le dediques algo de tiempo, el marido que le da la mano a su mujer para transmitirle serenidad o el nieto que lleva su peluche preferido a su abuelo para que no se sienta solo por la noche…

Nunca pensé que pudiera haber tanta alegría y tanto amor en un hospital. Agradecida. Sin dejar de aprender a acompañar a una persona que sufre. Teniendo como ejemplo de valentía, superación y de demostración de amor a los que les rodean, a todos los que luchan contra la enfermedad. Y sabiendo que no se debe perder de vista el sentido que te impulsa.